Ante los recientes hechos de agresión ocurridos entre estudiantes y apoderados, sentimos la necesidad urgente de detener el ritmo cotidiano para generar un espacio de reflexión. La pausa de este jueves 12 de junio no fue solo una reacción ante el conflicto, sino una invitación a mirar más allá del suceso puntual y pensar en cómo estamos conviviendo, comunicándonos y resolviendo nuestras diferencias. Sabemos que la violencia está presente en nuestra sociedad y es un problema país, por eso, creemos que estos episodios nos ofrecen una oportunidad para aprender y mejorar.
Durante esta instancia, profundizamos en los factores que pudieron haber detonado esta situación. Conversamos, escuchamos activamente y pusimos atención a la carga que cada miembro de nuestra comunidad educativa lleva consigo. Reflexionamos sobre la importancia de los vínculos, del respeto mutuo y del rol que jugamos todos en la construcción de un entorno escolar saludable.
Lo ocurrido nos duele, pero también nos movilizamos. Invitamos a nuestras familias y estudiantes a que esta experiencia no quede solo como una anécdota dolorosa, sino como un punto de inflexión hacia una convivencia más sana. Depende de todos y, como colegio, estamos tomando medidas concretas.
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